La Historia del Falso Consomé

Chef cocinandoNo todos los caldos son verdaderos consomés, algunos son… bueno; aquí te cuento mi historia de como me enteré de esto.

Andando en viaje de trabajo por España aproveché un fin de semana intermedio para conocer algunos lugares de interés, en España abundan, y regresé a mi hotel en Madrid el domingo por la tarde, para descansar y prepararme para seguir trabajando el lunes siguiente.

Era ya tarde cuando llegué, regresaba de mi paseo contento pero cansado y hambriento así que me dirigí de inmediato al restaurante del hotel, el cual, por ser domingo, estaba casi vacío.

Ordené un consomé y, como segundo plato, algo de carne, me parece. Cual va siendo mi sorpresa al recibir el consomé, que veo un plato hondo, lleno de un líquido humeante de un color ámbar en el cual no nadaban ni tres gotas de grasa. Al probarlo se confirmaron mis sospechas; era agua tibia con sal, o así me lo pareció. Intenté tragarlo, para ver si podía extraer de ese plato cualquier rastro de nutrientes, pero, con el estómago vacío, el agua tibia y salada me provocó nauseas así que, tras cuatro o cinco cucharadas lo dejé de lado, un mesero tuvo a bien venir a retirarlo.

No habían pasado ni dos minutos cuando se presenta el maître y, mostrando una enorme sonrisa, me pregunta: “¿Qué tal el consomé?”. A lo que yo, ingenua y torpemente, tomándolo un poco a broma, le respondí con la verdad:

“Pues mire, realmente no era lo que yo esperaba. Yo creí que el consomé era algo así como una sopa. ¡Claro! Esto sucede porque en mi país un consomé es un caldo de carne (pollo, res, borrego), y lleva verduras, y arroz o garbanzo, también es posible que se le ponga carne. ¡Y es muy sabroso y nutritivo! Pero este consomé me pareció agua tibia con sal.”

Me di cuenta inmediatamente de mi gran error; pues la sonrisa desapareció del rostro del maître y en él se dibujó un gesto de desprecio (Al parecer era yo un gran ignorante). Y con una voz engolada y una actitud como si de una cátedra en la Sorbona se tratara me explicó:

“La función del consomé es expandir el estómago y prepararlo para recibir un plato fuerte, como pudiera ser una carne.”

En ese mismo instante se me ocurrieron tres o cuatro respuestas, muy apropiadas todas ellas para tan enorme arrogancia.

Pero yo estaba cansado, hambriento, era de noche y afuera llovía. Así que: guardé silencio, no dije nada, y traté de componer en mi rostro una expresión de alegría y asombro, así como diciendo:

“¡Ooohh! ¡Que maravilla! ¡No, no tenía idea! ¡Nunca se me hubiera ocurrido si usted no me lo explica! ¡Es asombroso como la física, la fisiología y la gastronomía se combinan en las manos magistrales de un chef para producir estos resultados increíbles! ¡Casi mágicos!”

Se hizo un silencio  embarazoso; el maître, todavía en su pedestal, desapareció tras el resplandor de su sabiduría.

Yo me quedé ahí sentado, atónito, esperando a que llegara el plato fuerte para el cual mi estomago se había venido preparando horas antes del dichoso consomé.

Una respuesta a “La Historia del Falso Consomé

  1. Pingback: Bitacoras.com